Anécdota de una noche de camping en San Blas, Panamá.

Tanto me habían hablado de las islas de San Blas en Panamá, que me animé a conocerlas. Son 365, de las cuales solo algunas están habitadas. Como estaba sola y no había forma fácil de llegar hasta allá, tuve que buscar un tour que se encargara del transporte y alimentación. Seleccioné el que incluía pasar una noche ahí pensando en aprovechar los 2 días.

Para dormir en la isla te daban varias opciones: una cama en habitación compartida (la opción más cara), alquiler de carpa o que uno llevara su propia carpa. Elegí esta última opción por ser la más económica, aunque tuve que comprar una. Era muy sencilla, para una persona. Vi el ejemplo armado en la tienda pero no abrí la mía para no tener que doblarla luego.

islas de san blas en panama
Una de las 365 islas de San Blas, Panamá

Al siguiente día a las 5:30 a.m el transporte pasó por mí para llevarme a acampar a las islas de San Blas. Me había levantado medio indispuesta y con mucha tos, pero eso no iba a permitir que me quedara en casa. Agarré mis cosas y me fui. Ya en la isla me dejé sorprender por la naturaleza y el hermoso paisaje. Lo estaba disfrutando muchísimo, aunque mi exceso de tos me estaba volviendo loca.

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A la hora de dormir, a las personas que teníamos carpa nos asignaron un lugar tipo choza: un techito hecho de paja sin paredes. Como yo tenía tanta tos, decidí hacerme un poco más lejos para no molestar a nadie y dejarlos dormir. Abrí la carpa, la armé y vi que faltaba una pequeña parte que se usa para cubrir el pico (o el techo) de la carpa, pero no le puse atención. Entonces mi “techo” era una malla que me permitía ver las estrellas.

A las 10 de la noche ya todos nos estábamos metiendo a nuestras carpas. Yo me fui a la mía y entre tos y tos me quedé profundamente dormida. Unas horas después me despertaron los truenos, uno tras otro. Empezó a llover a cántaros y no me dio ni tiempo de mover mi carpita hacia la choza. El agua era tanta que se empezó a filtrar por la malla y por el suelo. Mi ropa y las cosas que tenía se mojaron y sin más remedió salí corriendo hacia donde estaban los demás.

Acampando en San Blas, Panamá

Ojalá hubiera estado con algún amigo que compartiera su carpa conmigo, pero como no conocía a nadie, tuve que dormir sobre una mesa larga de madera que usábamos para comer. No fue nada cómodo, pero por lo menos no me mojé y pude ver la noche estrellada. La próxima vez que compre una carpa, miraré que contenga todos los elementos antes de pagar.


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