Anécdota del viaje en el que pasé de hostales a hoteles y resorts.

Soy joven, sin mucho dinero y me encanta viajar. Siempre lo he hecho con lo poco que he tenido, quedándome en hostales, haciendo Couchsurfing, cocinando para ahorrar y evitando lugares muy turísticos. Pero esta vez mi viaje se transformó de mochilera a vida de rica (casi).

Había planeado un viaje de tres meses por el sudeste asiático, sin muchos lujos como estaba acostumbrada. Meses antes había visto los precios de los vuelos y había empezado a ahorrar cada centavo que me entraba al bolsillo para cumplir mi gran sueño.

Pero dos meses antes de partir, recibí una llamada que le dio una vuelta a mis planes. Eran mis padres preguntándome si podían unirse a mi primer mes de viaje. Desde que empecé mi vida nómada, ellos se han interesado más por conocer el mundo.

Al principio me entraron dudas porque su estilo de vida y el mío son muy diferentes. Ellos necesitan otras comodidades que a uno de joven no le interesan: un hotel, privacidad, comidas a ciertas horas, tours, entre otros. Pero son mi familia, no les iba a decir que no. Así que modifiqué la idea que tenía y los dejé elegir los hoteles que quisieran para que se sintieran cómodos. “Miren el que más les guste y luego vemos cómo llegar, yo organizo el tour«, les dije.

Y así fue. Yo elegí las ciudades y las fechas, ellos reservaron los hospedajes y yo me concentré en hacer planes que pudieran interesarles en Tailandia. La verdad ni siquiera miré los hoteles en los que estaríamos, solo la forma de llegar para estar preparada; estoy acostumbrada a no planear y hacer lo que me va surgiendo en el camino.

¡Para mi sorpresa, mis padres habían elegido unos lugares a los que yo jamás habría ido! no porque fueran feos o mal ubicados, sino porque con mi pequeño bolsillo nunca podría pagar aquellos días. De verdad me estaba dando una vida de lujos. Sin esperarlo estaba cambiando mi estilo de
mochilera a vida de rica.

Mochilera en Tailandia
Disfrutando de un tour en crucero por las Islas Phi Phi en Tailandia

Desayunos buffet, aire acondicionado, paseos en barco, piscinas frente al mar y muchas otras fueron las comodidades que tuvimos durante 30 días. No me la creía, de verdad para mí eso era un gran lujo y sabía que ellos habían hecho un gran esfuerzo para pagarlo.

Recorrer este país con mis padres fue una experiencia única e inolvidable, un mes en el que cambié mi estilo de mochilera a vida de rica, aunque al dejarlos en el aeropuerto para su vuelo de regreso a casa, seguí con mi vida de maleta al hombro, hostales con habitaciones compartidas y comida callejera de 2 dólares.


Como siempre viajo sola y sin mucho dinero, he vivido experiencias increíbles alrededor del mundo. Conoce aquí la anécdota del día que amanecí en una hamaca en Barú, Cartagena.

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